S041: Elementos de seguridad apartos de perfusión: Alarmas – Presión de oclusión

Hasta estos últimos años, las alarmas de oclusión se disparaban por detección de un obstáculo en el mecanismo de propulsión sin que hubiera una medida real de la presión existente en la línea de perfusión. Generalmente estos sistemas eran suficientes para las bombas de perfusión, pero resultaban muy imperfectos para las bombas de perfusión de jeringa. Por tanto, la incorporación de una medida real de presión es un progreso, aunque a costa de un aumento del coste de los aparatos. Esta monitorización es particularmente útil para detectar un comienzo de obstrucción del catéter (reanimación neonatal), una extravasación de la perfusión o una interrupción de la administración del tratamiento (anestesia intravenosa total). El ajuste del umbral de la alarma de oclusión y la visualización en tiempo real de la presión son opciones interesantes. El umbral mìnimo debe adaptarse al contexto clìnico (tos, vòmitos, ventilación artificial, etc) y al producto administrado. El período que transucrre hasta que se dispara la alarma es función de este umbral y del flujo de perfusión. Asì, si la presión màxima tolerada es de 650 mm Hg y el flujo de perfusión es de 1 ml/h, la alarma sólo se disparará al cabo de 30 minutos. Además, una presión de perfusión baja permite evitar un estallido de los catéteres, la embolia de un trombo (una presión de perfusión elevada no proviene la formación de un trombo) y administrar un bolo después de liberar la oclusión. El bolo de liberación de la oclusión es del orden de 0.5 a 1 ml y puede producir consecuencias clìnicas cuando se utiizan aminas presoras. Para paliar este riesgo, algunos aparatos llevan a cabo un movimiento retrógado del émbolo hasta que el nivel de presión vuelve a ser normal o solicitan al usuario que pare manualmente el pulsador del aparato para que este movimiento se haga espontáneamente.

Aunque todo el mundo concuerda en la utiidad de un detector del final de la perfusión para evitar la aparición de embolias gaseosas, el interés de una detección de microburbujas durante la perfusión se presta a mayores polèmicas. Esta actitud se apoya en el hecho de que la detección se produce a la salida del aparato y por tanto no excluye el riesgo más allá de los empalmes (falsa seguridad); que cualquier microburbuja descubierta detiene la perfusión con interrupción del tratamiento, intervención mèdica o paramédica y, en ocasiones, cambio completo del tubo; y, sobre todo, que no se conoce bien cuál es el riesgo de la inyección de microburbujas para el paciente. Este riesgo es mayor en los sistemas de casete, pero los aparatos más recientes incorporan un microfiltro de burbujas en la propia casete.




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